Alaska, uno de los lugares del mundo en donde más se aprecian y se hacen sentir los efectos del cambio climático, acaba de embarcarse en un nuevo megaproyecto petrolero, contribuyendo así a aumentar la producción de combustibles fósiles, factor central en el calentamiento global.
El polémico proyecto Willow, aprobado por el gobierno de Joe Biden este marzo, prevé la extracción de 600 millones de barriles de petróleo en la Reserva Nacional de Petróleo de Alaska, una de las mayores zonas de territorio virgen de Estados Unidos, ubicada a unos 300 kilómetros del círculo polar ártico.
Su huella ambiental será palpable. Durante sus 30 años de vida útil, se estima que generará unos 280 millones de toneladas métricas de CO2, lo que equivale a incorporar cada año dos millones de automóviles de gasolina a las carreteras de EE.UU., de acuerdo con estimaciones de la Oficina de Administración de Tierras de ese país.
Intercambio de recursos de Alaska
«El petróleo transformó Alaska. Antes de que este recurso fuera descubierto y explotado, Alaska era un estado relativamente pobre con unos servicios públicos de nivel bastante bajo y con una economía que no crecía muy rápidamente», cuenta Gunnar Knapp, profesor retirado de la Universidad de Alaska en Anchorage, que ha dedicado más de 35 años a investigar sobre la economía de ese estado, en conversación con BBC Mundo.
Explica que, a partir de entonces, como ha ocurrido en muchos lugares donde han hallado petróleo, esa bonanza cambió las cosas rápidamente.
«De repente, el gobierno tiene dinero y eso puede ser bueno y malo. Puede construir carreteras, escuelas, universidades e, incluso, darle dinero a la gente. Pero eso cambia la naturaleza de la sociedad, la población creció rápidamente y quizá ya no es el mismo sitio que solía ser y, tal vez, las personas ya no son tan independientes y resistentes como les gusta pensar que son», agrega.
La riqueza petrolera se volvió un elemento central para Alaska y durante décadas se convirtió en la fuente de 85% de los ingresos del estado, algo que comenzó a cambiar en torno a 2013 – 2014, cuando cayó debido a la combinación de un marcado derrumbe en los precios con un descenso de la producción.
De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), Alaska tuvo su momento de mayor producción en 1998, cuando extrajo más de dos millones de barriles de petróleo diarios. En cambio, para 2022 su promedio fue de apenas 437.000 barriles al día.
Impuestos, trabajos y cheques
Agrega que la industria petrolera genera muchos empleos bien remunerados tanto directamente como a través de las compañías de servicios que le brindan apoyo.
Pero eso no es todo.
Desde que inició la explotación petrolera, Alaska creó un fondo soberano llamado el Fondo Permanente de Alaska, en el que han ido ahorrando parte de las ganancias generadas por la bonanza petrolera y que para febrero de 2023 estaba valorado en más de US$75.000 millones.
Según explica Knapp, la riqueza petrolera ha permitido que -a diferencia de lo que ocurre en otros estados- los residentes de Alaska no tengan que pagar impuesto sobre la renta ni impuestos al consumo.
Más aún, desde hace décadas se estableció en ese estado un mecanismo conocido como el Dividendo del Fondo Permanente, mediante el cual parte de las ganancias generadas por las inversiones hechas con el Fondo Permanente se distribuyen directamente y de forma igualitaria entre los ciudadanos.
«Cada alaskeño, hombre, mujer o niño recibe un cheque igual. Es un programa muy popular entre los ciudadanos», apunta Knapp.
En 2022, cada uno de esos cheques fue por el monto de US$3.284.
Knapp explica que durante décadas Alaska destinó la mitad de las ganancias generadas cada año por el Fondo Permanente al pago de ese dividendo, pero que en los últimos años debido a la caída de los ingresos en las arcas públicas por el descenso de los ingresos petroleros se empezó a usar para financiar el gasto público.
Fuente:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-65144165